EL PÉNDULO ARGENTINO: POR QUÉ LA ESTABILIDAD FISCAL NO ALCANZA SIN UN PLAN DE DESARROLLO

Por Osvaldo Cornide

Expresidente de la Confederación Argentina de la Mediana Empresa (CAME) y de la Federación de Comercio e Industria de la Ciudad de Buenos Aires (FECOBA).

En una reciente entrevista en el programa “Mañana Tempranísimo” por Radio Mitre, dialogué con Marcelo Bonelli, sobre la encrucijada económica que atraviesa la Argentina. En un escenario dominado por la urgencia del ajuste, se vuelve indispensable levantar la mirada y discutir el verdadero fondo de la cuestión: la necesidad imperiosa de un plan de estabilización y desarrollo simultáneo.

La sociedad argentina arrastra hoy una angustia generalizada. Si bien existe un consenso y un reconocimiento válido respecto a la importancia de buscar el equilibrio fiscal y de combatir la inflación, el esquema actual adolece de una falta de respuesta hacia el sector socioproductivo. El ajuste no puede ser un fin en sí mismo si en el camino destruye el tejido empresarial, ahoga a los jubilados, desfinancia a las universidades y empuja a profesionales y técnicos calificados a la informalidad o a la venta ambulante.

El agotamiento del péndulo histórico

Desde hace siete décadas, la Argentina oscila de manera pendular entre dos recetas que han demostrado sus límites: un populismo distributivo que agotó su capacidad de «estimular la demanda» sin una contrapartida de inversión real, y un liberalismo ortodoxo que reduce su meta a la planilla del déficit cero, ignorando el día a día de las fábricas y los comercios.

La estabilidad y el desarrollo no son caminos incompatibles; al contrario, son las dos caras de una misma moneda. No se trata de optar entre potenciar sectores estratégicos como Vaca Muerta, la minería y el agro, o proteger la industria nacional. Se trata de integrarlos. Si no cuidamos las industrias y los comercios que ya existen, ¿dónde va a trabajar la gente en el corto y mediano plazo? Las proyecciones teóricas que prometen grandes migraciones laborales hacia polos energéticos para las próximas décadas chocan de frente con la realidad: como decía John Maynard Keynes, en el largo plazo estamos todos muertos. La urgencia es ahora.

Inversiones para hacer «más Nación»

Existe una peligrosa premisa en ciertos sectores que afirma que «la mejor política industrial es no tener política industrial». Esto constituye una profunda contradicción si se observa cómo operan las economías más desarrolladas del mundo. No necesitamos un Estado elefantiásico ni burocrático, pero sí un Estado inteligente capaz de fijar prioridades estratégicas. No tiene el mismo impacto estructural para un país producir caramelos que producir acero. Asimismo, la infraestructura vial y logística, hoy en un estado de bacheo y deterioro crónico, requiere de la inversión pública allí donde la rentabilidad privada no llega, pero donde la necesidad nacional es absoluta.

Cuando discutimos sobre la llegada de capitales —tanto nacionales como extranjeros— la pregunta de fondo que debemos hacernos es la misma que planteaba el desarrollismo de Arturo Frondizi y Rogelio Frigerio entre 1958 y 1962: ¿Esta inversión viene a hacernos más Nación o menos Nación?

  • Si el capital se vuelca a la industria automotriz, la petroquímica, la energía o a triplicar la producción petrolera, está consolidando la soberanía y expandiendo las fuerzas productivas.
  • Si el capital se limita a la bicicleta financiera del carry trade para obtener ganancias de corto plazo y luego fugarse, destruye la economía real.

Menos pizarrón y más realidad empresarial

El crecimiento de un país no sigue una secuencia lineal donde «primero se produce y mucho después se distribuye». El aliento a la demanda interna y el fortalecimiento del mercado local son los motores que estimulan y justifican la producción.

Lamentablemente, muchos de los planes económicos actuales fracasan porque son diseñados por teóricos que manejan la realidad exclusivamente desde el papel, o por profesionales provenientes de sectores especulativos que confunden la economía productiva con la timba financiera.

Para salir de la crisis de manera sostenible, es indispensable formular un plan de desarrollo integral, y para ello hacen falta economistas que entiendan cómo funciona el sector empresario real, que conozcan los desafíos de levantar una persiana, de sostener una nómina salarial y de competir en un mercado globalizado. Romper el péndulo y volver a las bases del desarrollo es el único camino para consolidar el bienestar de la Nación argentina.

🎥 Te invito a escuchar el bloque completo de la entrevista: